Las voces descansan en el sigilo, allí donde el dominio de las palabras es nulo, aquí donde reina un perfecto silencio. Adoro esta afonía pasional que embriaga mi paladar con tu sabor que consume mis deseos.
Nuestras bocas prescinden de la sonoridad, nuestras lenguas no son doblegadas al lenguaje, se encuentran reducidas al idioma de los cuerpos.
*Quisiera creer ingenuamente que el silencio continúa siendo testigo de nuestros besos....
Se ríe en la penumbra de un cuarto desconocido. La invitan a ser parte del juego, aunque desentiende las reglas se atreve a ser participe dominada por un espíritu infantil. Jamás se rechaza aquello que el azar ha ofrecido.
Considera que un empate es suficiente aunque cree que su victoria es inminente. El fluir se entorpece y todo acaba en el mismo lugar donde comenzó. Ahora habita su vestido negro y camina descalza por la ciudad mojada como apogeo de su decadencia. La derrota resplandece en la consumación del deseo.
No habitarás en mí, te entregaré al olvido. Mientras, un adiós enlutado te despide. Mientras, la agonia se hace carne. Mientras, ese adiós enlutado te despide. Mientras, mis sábanas conciben tu mortaja.
Otra noche consagra su encanto ante la frágil esperanza mientras creo que el ocaso es el momento propicio para desvanecer y compartir deseo, razón y olvido. Otra escena reiterada, carente de originalidad, pero colmada de ilusiones. Un convencimiento débil de que la vivencia venidera será efectivamente real. Otra oportunidad para crear un pequeño cosmos entre dos. Por eso aprovechemos que el reloj está dormido para soñar el vínculo entre almohadas. Dejaré mi ánima a la intemperie solo para ti. Tomaré el riesgo de perderme en el desquicio y en el nomadismo emocional, pero no caeré en la simpleza de entregar mi carne en forma insípida. Podrás beber el encanto del dulzor que ofrece mi cuerpo mientras deseo consagrarme como tu ninfa.
Otra noche será testigo de estrellas distantes y amantes efímeros. Otra noche que morirá al alba. Todo ocurre mientras el deseo de la perpetuidad fenece, y el encanto lentamente se desvanece. Por eso aprovechemos que el reloj está dormido para soñar el vínculo entre almohadas.
Convencer a la razón por un instante, al menos intentemos convertir en factible la evidente imposibilidad de alcanzar lo eterno. Ignoremos la fatalidad del fluir del tiempo, concibamos una nueva forma de existir. Creamos en el ofrendar puro de los cuerpos. No busquemos descubrir mentiras implícitas en el mirar, porque ninguno confesará: “Yo solo quiero degustar mi sabor en tus labios”.
Por eso aprovechemos que el reloj está dormido para soñar el vínculo entre almohadas. La disponibilidad se agota y nosotros seguimos girando en círculos. Llegamos para partir, partimos para llegar inmersos en una circularidad extenuante. Fundiremos nuestros deseos en círculos perfectos perdurando hasta el mareo.
Todo quedará caduco al alba cuando el reloj despierte y sus manecillas vuelvan a girar para marcar la distancia entre nuestros cuerpos, inconscientes de esa abstracción conocida como Tiempo. Este es el fin, pero de todas formas nos despedimos con un “Hasta mañana” y ahí está nuevamente el Tiempo despierto que regresa hecho palabra.