Suena el disco que me gusta mientras recostada lo contemplo. Un hombre desnudo fuma. Inhala intimidad, exhala distancia. Se acerca y me abraza. Lloro a sus espaldas, pero el solo percibe lo evidente.
Sale de la habitación. Lo sigo, pero cada vez está más distante. Estamos en la cocina. Su gato negro juega entre mis piernas, como aquella vez cuando aprovechó mi distracción para besarme. Lo contemplo en silencio. Sé que el fin de la escena se aproxima. Pienso tanto y sólo digo: -Dos de azúcar, por favor.