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Confesiones XLI
El encanto de los chicos clase `91 con su mayoría de edad apenas cumplida es mi nuevo fetiche.
Hombres eran los de antes
Los hombres de hoy en día se conforman con un diálogo atrevido o una foto pícara. Es inentendible que el sexo este mediado por la tecnología cuando no hay nada más lindo que sentir al otro.
Simplemente me aburrieron. Volvamos a la vieja escuela.
Simplemente me aburrieron. Volvamos a la vieja escuela.
Confesiones XXXIX
Hoy me siento victoriosa porque borré todos tus mensajes de mi celular, pero me siento mejor aún porque sé que vos no borraste mis fotos del tuyo.
Mala memoria a corto plazo
Olvidarte que había un hombre durmiendo en tu cama evidentemente es símbolo de desinterés.
BOG-EZE
Son las 4.47 am. Tengo esa angustia que sentí el día que me fuí de tu casa. Esa sensación abrumadora que comenzó al bajar del avión, el trámite eterno en Migraciones, escuchar a ese taxista idiota, saber que dormía por última vez en tu cama, mirar los autos de la autopista pasar y preguntarme hacia a donde iba esa gente a esa hora, no querer pensar en el mañana, no querer cerrar las cajas que dejamos listas antes de viajar.
Recuerdo escucharte dormida preparando los detalles de la mudanza con celeridad. Reverberar como no podía respirar en el ascensor bajando con la última tanda de cosas. Demasiadas mudanzas en poco tiempo. La crudeza de despedirme de tu casa que habías dejado que sea también la mía. Esa cocina donde me abrazabas mientras te preparaba la cena y donde me cogías mientras lavaba los platos. El sillón de las noches de malbec. El baño donde siempre te iba a hablar cuando te duchabas y vos me reclamabas intimidad. Saber que iba a extrañar ese balcón donde me quedé encerrada la primera vez que fui a visitarte, que me retaras por andar desnuda cuando todavía no tenías las cortinas. Y sobre todo tu cama, nuestra cama, mi lado de tu cama ahora vacío.
Recuerdo escucharte dormida preparando los detalles de la mudanza con celeridad. Reverberar como no podía respirar en el ascensor bajando con la última tanda de cosas. Demasiadas mudanzas en poco tiempo. La crudeza de despedirme de tu casa que habías dejado que sea también la mía. Esa cocina donde me abrazabas mientras te preparaba la cena y donde me cogías mientras lavaba los platos. El sillón de las noches de malbec. El baño donde siempre te iba a hablar cuando te duchabas y vos me reclamabas intimidad. Saber que iba a extrañar ese balcón donde me quedé encerrada la primera vez que fui a visitarte, que me retaras por andar desnuda cuando todavía no tenías las cortinas. Y sobre todo tu cama, nuestra cama, mi lado de tu cama ahora vacío.
Curiosidad
¿Sabes que me sorprende?
Ese detalle que no se nota en lo cotidiano. Algo invisible, transparente. Ese detalle que percibo solo en la intimidad de mi cuarto casi a oscuras.
Tu anillo en tu dedo.
Jugué toda la noche con el mientras dormías.
Ese detalle que no se nota en lo cotidiano. Algo invisible, transparente. Ese detalle que percibo solo en la intimidad de mi cuarto casi a oscuras.
Tu anillo en tu dedo.
Jugué toda la noche con el mientras dormías.
Neighborhood
Mi vida amorosa resulta incomprensible tanto para mí como para mis vecinos.
Etiquetas:
insomnio,
sexo,
soledad,
Visitas nocturnas
Recuerdo la primera vez que dormí con un hombre.
Recuerdo la primera vez que me acosté con uno.
Recuerdo la primera vez que un hombre me cantó.
Recuerdo el primer llanto sobre una cama ajena.
Recuerdo despertarme y no saber donde estaba.
Recuerdo sentir que era feliz, que era una idiota, que era una puta, que era el amor de alguien.
Recuerdo la primera vez que me acosté con uno.
Recuerdo la primera vez que un hombre me cantó.
Recuerdo el primer llanto sobre una cama ajena.
Recuerdo despertarme y no saber donde estaba.
Recuerdo sentir que era feliz, que era una idiota, que era una puta, que era el amor de alguien.
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